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Cuento

Un día como todos

como tener pareja y ser feliz sin miedo al compromiso

Es viernes 6:30 de la mañana suena el despertador, ella lo apaga sintiendo la necesidad de quedarse más tiempo entre las sábanas, anoche se fue tarde a la cama por quedarse viendo su serie favorita, se lo reprocha. Se levanta, le molestan las lumbares, piensa en pedir hora para hacerse un masaje, se queda en pensamiento, se prepara el café y se va a la ducha, vive en su “piso de soltera” así le dice, 30 m² decorados por ella misma que comparte con su gata.


Le espera un día muy movido en el trabajo, le apetece que pase rápido, sabe que al final de la jornada quedará con sus amigas, disfrutará de una cena rica, mucho de qué hablar y compartir, algunas copas, baile, fiesta, y por qué no al final de la noche conocer a alguien… Y si hoy le conoce? Será hoy la noche que encuentre al hombre que espera?
Es su primer pensamiento relacionado con esa necesidad profunda de compartir su vida con alguien más que no sea su gato, se siente sola.

El agua le cae en la cara lo que hace borrar ese pensamiento aunque es consciente que la necesidad y el vacío están ahí.

Sale de casa, se monta es su scoopy pone rumbo al trabajo, es tal la exigencia y responsabilidad de que todo salga bien en el proyecto en el que está metida que las 8 horas se pasan volando, no sin vivir el estrés y sentir el agotamiento y las ganas de salir corriendo…

En el restaurante, es la primera del grupo en llegar, lo que le da tiempo para observar a los tíos que hay a su alrededor, cruza su mirada con alguno de ellos, una parte de ella se siente ridícula, le encantaría estar en su piso, cenando con alguien interesante con el que compartir su vida, ese hombre no ha llegado, frustración, tristeza, melancolía se juntan en su sentir. Llegan sus amigas, tema principal “los hombres” se pone la máscara (consciente o inconsciente) de Mujer feliz con su vida que no necesita de ellos, muy en el fondo, como aquella sensación de vacío que tuvo por la mañana, tiene miedo de perder la independencia que ha logrado, de encontrar una pareja y éste le deje.

Pasa la noche, risas, música, baile, alcohol, entre los pasillos del bar se encuentra con “alguien” terminan en su cama, cuando ella quiere besos, caricias y mimos tiene sexo, placentero, sí, pero en las entrañas de su ser le encantaría que se quedara y desayunar juntos.

Suena el despertador, sola en su cama se fustiga, se culpa, eso no es lo que quiere, se pregunta porque no puede tener una relación estable sin perder lo que tiene…

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